Artículo de opinión
#1 ¿La IA puede reemplazar a los maestros?
Tres fuentes recientes, UNESCO, la OCDE y una educadora de George Mason University, coinciden en que la inteligencia artificial no va a reemplazar a los docentes, aunque sí está cambiando su forma de trabajar. El artículo repasa datos sobre escasez global de maestros, desgaste docente y el rol que la IA puede jugar como herramienta de apoyo, sin sustituir la relación humana en el aula.
¿Nos van a reemplazar los maestros por un algoritmo?
Circulan encuestas que alimentan esa idea. Una encuesta reciente del Pew Research Center encontró que casi un tercio de los expertos en IA cree que la tecnología podría poner en riesgo los empleos docentes en las próximas dos décadas. Es un titular llamativo. Pero cuando uno revisa lo que dicen UNESCO, la OCDE y quienes ya usan estas herramientas todos los días en clase, el panorama es bastante más matizado.
No es la primera vez que pasa esto. Ingrid Guerra-López, decana del College of Education and Human Development de George Mason University, lo recuerda en una columna de opinión para Education Week: "Radio, television, calculators, even the internet, each was once thought to make educators obsolete". La pregunta de fondo, sospecho, no es tan nueva como parece.
El problema real no es que sobren maestros, es que faltan
Antes de hablar de reemplazo, vale la pena mirar un dato que cambia el tono de toda la conversación. Según el primer Informe Mundial sobre Docentes de UNESCO, se necesitan 44 millones de maestros de primaria y secundaria más para 2030 si se quiere alcanzar las metas educativas globales. No es un número menor.
Y el problema no es solo de cantidad. Es de retención. El mismo informe muestra que el porcentaje de docentes de primaria que abandona la profesión se duplicó, de 4.6% en 2015 a más de 9% en 2022. Cada vez es más difícil que quienes entran a enseñar se queden enseñando.
UNESCO atribuye ese desgaste a presiones crecientes que describe con bastante detalle: recursos insuficientes, grupos cada vez más numerosos, expectativas sociales más altas y, en muchos casos, un reconocimiento social decreciente del rol docente. En ese contexto, la irrupción de la IA generativa no llega como una amenaza aislada. Llega encima de una crisis que ya existía.
¿Qué dice UNESCO sobre la IA en el aula?
La campaña global de UNESCO tiene un nombre que resume bastante bien su postura: "Teachers cannot be coded" (los maestros no se pueden programar). La organización plantea que la integración de la IA en la educación trae consigo tanto oportunidades como desafíos: reconfigura pedagogías, currículos y la gobernanza educativa, y plantea preguntas críticas sobre equidad, ética y agencia humana.
Dicho de otro modo: ni todo es magia ni todo es catástrofe. Por un lado, según UNESCO, las herramientas digitales, incluida la IA, pueden ayudar a los docentes a personalizar el aprendizaje, reducir el papeleo y ampliar el acceso a recursos educativos más allá del aula. Por otro, muchos estudiantes todavía carecen de internet o dispositivos confiables, lo que profundiza la desigualdad, y los sistemas de IA pueden arrastrar sesgos ocultos que generan resultados injustos para quienes aprenden.
La frase que más me quedó dando vueltas es la de Caroline Aidanu, docente de la Daraja Secondary School en Kenia, citada en el informe: "Teachers cannot be coded because they bring life into the classroom, they can empower students and make them feel seen". Ahí ya no hablamos de eficiencia. Hablamos de otra cosa.
¿Y qué dice la OCDE?
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos publicó el informe "Reimagining Teaching in an Accelerating World".
La cobertura del informe realizada por R.I.S.E. Magazine muestra la resistencia real que existe entre el propio cuerpo docente frente a esta tecnología: cerca de la mitad de los docentes considera que la IA no debería usarse en la enseñanza y uno de cada diez dice que su uso está directamente prohibido en su escuela. No es un detalle menor: la desconfianza hacia la herramienta convive con la necesidad de usarla.
El editorial de la OCDE, según recoge R.I.S.E., plantea una idea incómoda sobre qué terreno le queda a la enseñanza tradicional: "Today, the things that are easiest to teach and test are also the easiest to digitise and automate. If a machine can learn it faster than you, remember it longer than you, and apply it more consistently than you, then continuing to teach only traditional subject matter – using traditional approaches – is not a great strategy" (traducción propia: hoy, lo más fácil de enseñar y evaluar es también lo más fácil de automatizar; si una máquina lo aprende más rápido, lo recuerda más tiempo y lo aplica con más consistencia que una persona, apostarle solo a los contenidos y métodos tradicionales deja de tener sentido). El foco, dice la OCDE, tiene que correrse: de estudiantes que repiten lo aprendido a estudiantes que puedan extrapolar y aplicar lo que saben en situaciones nuevas.
¿Entonces para qué sirve la IA si no reemplaza al docente?
Aquí es donde la columna de Ingrid Guerra-López en Education Week aporta algo más práctico. Ella cita investigación de RAND y del National Center for Education Statistics según la cual los docentes dedican casi 10 horas semanales a planificar clases y calificar, más horas adicionales a papeleo, búsqueda de materiales y comunicación con familias.
Ahí es donde la IA puede aportar algo concreto, según describe la autora. Puede armar un primer borrador de plan de clase que respete los estándares curriculares, sugerir actividades distintas según el nivel de cada estudiante, ordenar recursos digitales, convertir datos de evaluación en algo más fácil de leer y accionar, o generar plantillas para comunicarse con las familias, de acuerdo con lo que describe Guerra-López.
Eso sí, con una condición que la autora subraya varias veces: esos resultados siguen requiriendo la revisión del docente en cuanto a pertinencia, precisión y criterio; el pensamiento, la reflexión y la construcción de sentido siguen siendo del profesor y del estudiante.
Me parece que ahí está el matiz que se pierde en los titulares alarmistas. No se trata de que la máquina piense por el docente. Se trata de que le devuelva tiempo.
Y ese tiempo, en el contexto de escasez docente que describe UNESCO, no es un detalle cosmético. Guerra-López conecta directamente la falta de maestros con lo que un poco de tiempo libre puede significar: en muchas regiones y materias la escasez docente sigue siendo severa, y ella señala que incluso media hora recuperada dentro de la jornada puede ser la diferencia entre llegar agotado o llegar equilibrado al final del día. Lejos de eliminar empleos, sostiene, la IA podría ayudar a retener a buenos docentes haciendo su carga de trabajo más sostenible.
El riesgo de no prepararse
Ninguna de las tres fuentes dice que esto vaya a suceder solo. La columna de Education Week pone como advertencia el ejemplo de las pizarras interactivas: tecnología que en su momento se vendió como transformadora y terminó, en la práctica, sin cambiar demasiado la forma de enseñar. Guerra-López sugiere que la IA podría correr una suerte parecida si no hay una preparación adecuada de por medio.
La autora es clara en que la responsabilidad no puede recaer solo en el entusiasmo individual de cada docente. Plantea que la formación inicial de maestros y los esquemas de desarrollo profesional tienen que ir cambiando al mismo ritmo que la tecnología, no quedarse atrás. Sin ese acompañamiento institucional, comunidades de aprendizaje profesional, coaching, capacitación a nivel distrital, hasta las herramientas más prometedoras terminan subutilizadas.
La diferencia entre que la IA empodere a los docentes o los limite no la define la tecnología en sí misma. La define la formación, el acompañamiento y las decisiones de política educativa que se tomen alrededor de ella.
Algo para llevar al aula
Si tuviera que resumir lo que dicen estas tres fuentes, sería más o menos así: la IA no viene a ocupar el lugar del maestro, pero sí puede cambiar en qué gasta su tiempo y su energía cada día.
Algunas ideas concretas que se desprenden de estas fuentes:
- Usa la IA para tareas mecánicas y repetitivas (borradores de planificación, organización de materiales, plantillas de comunicación), no para decisiones pedagógicas que requieren tu criterio sobre un grupo específico.
- Pide a tu escuela o distrito espacios formales de formación en IA, no solo la opción de aprender por cuenta propia en tu tiempo libre.
- Habla con tus estudiantes sobre cuándo conviene usar IA y cuándo no: la discusión sobre uso responsable importa tanto para ellos como para ti.
- Si notas que una herramienta empieza a decidir por ti (qué enseñar, cómo evaluar, qué actividades proponer) sin que la revises, es momento de recuperar ese control.
¿Y ustedes, qué tanto sienten que la IA ya cambió su día a día en el aula? Me pregunto si la brecha entre quienes la usan con soltura y quienes todavía desconfían, esa mitad de docentes que, según la cobertura de R.I.S.E. sobre el informe de la OCDE, cree que no debería usarse en absoluto, tiene más que ver con la herramienta o con la falta de acompañamiento real para aprender a usarla.
Fuentes
- https://www.unesco.org/en/articles/teachers-cannot-be-coded · 2025-09-01 · en
- https://www.oecd.org/en/publications/reimagining-teaching-in-an-accelerating-world_d0edfe8c-en.html · 2026-03-03 · en
- https://www.edweek.org/technology/opinion-ai-wont-replace-teachers-but-teachers-who-use-ai-will-change-teaching/2025/10 · 2025-10-01 · en
- https://www.riseedumag.com/how-is-the-teaching-profession-evolving/ · 2026-03-09 · en
